Las economías modernas se mantienen unidas por
innumerables contratos. Las
nuevas herramientas teóricas creadas por Hart y Holmström son valiosos para la
comprensión de los contratos de la vida real y las instituciones, así como los
peligros potenciales en el diseño del contrato.

¿Qué tipo
de empresas deben fusionarse, cuál es la combinación adecuada de deuda y
financiación de capital, y cuándo instituciones como escuelas o prisiones
deberían ser de propiedad privada o pública?,
son algunos de los
temas que hayan herramientas teóricas para su estudio, a través de esta
investigación.

Muchas
relaciones contractuales de la sociedad incluyen aquellas entre los accionistas
y la dirección ejecutiva superior, una compañía de seguros y los propietarios
de automóviles, o una autoridad pública y sus proveedores. Como
este tipo de relaciones suelen implicar conflictos de interés, los contratos
deben ser diseñados adecuadamente para garantizar que las partes tomen
decisiones mutuamente beneficiosas. Los
galardonados este año han desarrollado la teoría del contrato, un marco global
para el análisis de muchas cuestiones diversas en el diseño contractual, tales
como el pago basado en el rendimiento para los altos ejecutivos, deducibles y
copagos en el seguro, y la privatización de las actividades del sector público.


A
finales de 1970, Bengt Holmström demostró cómo un principal (por ejemplo, una
compañía de accionistas) debe diseñar un contrato óptimo para un agente (CEO de
la compañía), cuya acción es en parte no observada por el director. El
principio de capacidad informativa de Holmström indicará de forma precisa cómo
este contrato debe vincular la retribución del agente a la información
relevante para el rendimiento. Usando
el modelo básico principal-agente, mostró cómo el contrato óptimo pesa
cuidadosamente los riesgos frente a los incentivos.

En
un trabajo posterior, Holmström generalizó estos resultados a la configuración
más realistas, a saber: cuando los empleados no sólo son recompensados ​​con
sueldo, sino también con la promoción del potencial; cuando
los agentes gastan esfuerzo de muchas tareas, mientras que los directores
observan sólo algunas dimensiones del desempeño; y
cuando los miembros individuales de un equipo pueden liberar-aprovecharse de
las actividades de los demás.

A
mediados de la década de 1980, Oliver Hart hizo contribuciones fundamentales a
una nueva rama de la teoría de los contratos que se ocupa del caso importante
de contratos incompletos.

Debido a que es imposible que un contrato pueda
especificar todas las eventualidades, esta rama de la teoría explica las
asignaciones óptimas de los derechos de control: el que las partes del contrato
deben tener derecho a tomar decisiones y en qué circunstancias? Los
hallazgos de Hart sobre contratos incompletos han arrojado nueva luz sobre la
propiedad y el control de las empresas y han tenido un gran impacto en varios
campos de la Economía, así como las Ciencias Políticas y el Derecho.

A
través de sus contribuciones iniciales, Hart y Holmström lanzaron la teoría del
contrato como un fértil campo de la investigación básica. Durante
las últimas décadas, también se han explorado muchas de sus aplicaciones. Su
análisis de los acuerdos contractuales óptimos establece una base intelectual
para el diseño de políticas e instituciones en muchas áreas, desde la
legislación sobre quiebras hasta las políticas constitucionales.

Contract Theory Wins Nobel Prize in Economic Sciences 2016

Modern economies are held
together by innumerable contracts. The new theoretical tools created by Hart and Holmström are
valuable to the understanding of real-life contracts and institutions, as well
as potential pitfalls in contract design.

Society’s many contractual relationships include those between
shareholders and top executive management, an insurance company and car owners,
or a public authority and its suppliers. As such relationships typically entail
conflicts of interest, contracts must be properly designed to ensure that the
parties take mutually beneficial decisions. This year’s laureates have
developed contract theory, a comprehensive framework
for analyzing many diverse issues in contractual design, like performance-based
pay for top executives, deductibles and co-pays in insurance, and the privatization
of public-sector activities.

In the late 1970s, Bengt Holmström demonstrated how a principal (e.g.,
a company’s shareholders) should design an optimal contract for an agent (the
company’s CEO), whose action is partly unobserved by the principal. Holmström’s informativeness
principle stated precisely how this contract should link the agent’s pay
to performance-relevant information. Using the basic principal-agent model, he
showed how the optimal contract carefully weighs risks against incentives. In
later work, Holmström generalized these results to more realistic settings,
namely: when employees are not only rewarded with pay, but also with potential
promotion; when agents expend effort on many tasks, while principals observe
only some dimensions of performance; and when individual members of a team can
free-ride on the efforts of others.

In the mid 1980s, Oliver Hart made fundamental contributions to a
new branch of contract theory that deals with the important case of incomplete
contracts. Because it is impossible for a contract to specify every
eventuality, this branch of the theory spells out optimal allocations of
control rights: which party to the contract should be entitled to make
decisions in which circumstances? Hart’s findings on incomplete contracts have
shed new light on the ownership and control of businesses and have had a vast
impact on several fields of economics, as well as political science and law.
His research provides us with new theoretical tools for studying questions such
as which kinds of companies should merge, the proper mix of debt and equity
financing, and when institutions such as schools or prisons ought to be
privately or publicly owned.

Through their initial contributions, Hart and Holmström launched
contract theory as a fertile field of basic research. Over the last few
decades, they have also explored many of its applications. Their analysis of
optimal contractual arrangements lays an intellectual foundation for designing
policies and institutions in many areas, from bankruptcy legislation to
political constitutions.